Observación y aprendizaje

Los invito a reflexionar un momento sobre nuestra forma de observar y sus consecuencias en nuestros aprendizajes.

En nuestros 12 años de educación escolar, los que ahora somos adultos, fuimos entrenados en el estilo de aprendizaje por generalización, en donde comparábamos las características de los elementos y los agrupábamos por sus similitudes, de manera que lográbamos tener conjuntos de elementos parecidos, identificando cada grupo con un nombre. A partir de este tipo de observación y su consecuente aprendizaje, obteníamos por ejemplo el conjunto de limeños, el de trujillanos, el de arequipeños, etc. Si continuábamos observando de la misma forma, podíamos dividir cada uno de estos conjuntos en subconjuntos por distrito, por educación, por intereses, etc.

Sin embargo, esa es tan sólo una de las maneras de aprender, y pienso que cada uno de nosotros, adultos, debemos ahora darnos la libertad de buscar otra opción, que nos de resultados diferentes.

Existe otra manera de observar y por lo tanto de aprender, enfocada no en las similitudes sino en las diferencias. Esta observación también compara las características de los elementos, pero para conocerlas, y entender cómo estas características conectan a los elementos. Esta manera de aprender, no pone nombres ni títulos, no agrupa en pequeños o grandes compartimientos. Sólo observa las diferencias con apertura, descubre las conexiones y aprende de ellas.

Apreciamos entonces que ambas maneras de observar comparan las características de los elementos, sin embargo, la intención del observador, el objetivo de esta comparación y lo que el observador hace con los resultados, es diferente: uno compara para dividir, el otro compara para conectar.

Llevando esta reflexión al tema de la discriminación, quizá deberíamos comenzar a observar con cuál tipo de observación cada uno de nosotros se siente más cómodo, y cuál nos pide más atención, apertura y tolerancia. Sólo así podremos decidir si nuestro aprendizaje y crecimiento como personas será consecuencia de nuestros hábitos de dividir, o de conectar.

Darnos cuenta – awareness

Observar con intención: Observarnos de manera intensa y extensa en aquellas conexiones sutiles y complejas que generamos al observar.  M.P.

Cuando entendemos el cerebro como el órgano a partir del cual nosotros vivimos, compartimos, pensamos, conocemos, amamos, etc., es la identificación e integración de nuestros procesos mentales, emocionales y corporales en nuestra vida cotidiana, lo que define nuestra calidad de vida; lo que nos hace ser más concientes de nuestra responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, como seres sociales que somos.

¿Cómo empezamos a hacer esto? Podemos empezar por el auto-conocimiento, a partir de la observación de nuestra forma de relacionarnos con el entorno, de adaptarnos a él y de modificarlo. También de darnos cuenta de las sensaciones que se producen en nuestro cuerpo a partir de esa interacción. Esto nos vuelve más sensitivos a nuestras propias señales corporales y nos permite autorregular permanentemente nuestro accionar para mantener la armonía interna y externa.

Cuéntame cómo percibes

Si preguntamos a alguien:  ¿Cuéntame cómo percibes?, es muy probable que obtengamos las primeras suposiciones de esta persona al respecto, o que simplemente no logremos obtener una respuesta ya que ella misma no lo sabe.
Las personas no tenemos tiempo para pensar en estas cosas, pues estamos muy ocupadas intentando manejar nuestras vidas en medio del caos que es el mundo que hemos creado y que nos bombardea con información, que nosotros, a su vez,  tenemos que descifrar, interpretar, escoger, descartar, transformar y utilizar. Entonces  nos encontramos en un círculo vicioso, ya que justamente, toda esta información ingresa a nosotros a través de nuestra percepción.

¿Cómo percibes tu?


Cambio: La solución está en el enunciado

“Cuanto mayor es el poder para cambiar el entorno, mayores son las posibilidades de provocar efectos tanto perjudiciales como provechosos.” MIhaly Csikszentmihalyi.

Las personas debemos aprender que nuestras maneras de definir, enunciar y solucionar los problemas, pueden ser justamente la causa de estos problemas. Muchos de nosotros conocemos la famosa frase de Einstein sobre que el seguir haciendo lo mismo, nos conducirá al mismo resultado, y sin embargo, aunque la frase nos parece interesante y seguramente muy inteligente, nosotros seguimos haciendo lo mismo cada vez que decimos, por ejemplo:

“Uds. no entendieron nada de lo que les dije”

Cuando somos capaces de observar de manera sistémica, podemos ver no sólo los eventos que requieren nuestra atención, sino también las acciones que causaron estos eventos, las estructuras que causaron las acciones, y los modelos mentales que causaron las estructuras. Sólo así llegamos a comprender que la verdadera solución de un problema está en su enunciado sistémico.

“Veo que la forma como yo les comuniqué lo que esperaba de Uds. no fue la mas eficaz” (…Por lo tanto, lo haré nuevamente, de una manera diferente…)


Creatividad con Mayúscula vs. creatividad con minúscula

La palabra “creatividad” ha sido generalmente  utilizada para nombrar cualquier idea novedosa o fuera de lo común, cualquier “chispa” que llame la atención, sin embargo, los cambios que producen estos “chispazos” a veces son iguales a los que produce la batería de un automóvil: cambios pequeños en su dimensión, duración y profundidad, insuficientes para hacer avanzar un vehículo.

Para lograr que este primer chispazo de creatividad sea efectivo en conseguir resultados extensos y prolongados, debemos estudiar mas ampliamente la creatividad desde la neurociencia, psicología cognitiva, teorías de auto-organización, información, comunicación y sociología, identificándola como un concepto más complejo y ecológico.

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